Son las 19:30 y  la tranquilidad ha regresado a las calles de Beit Ummar. La tranquilidad, porque hoy fue un día duro y los habitantes que dejaron la ciudad esta mañana par air a trabajar tuvieron que superar muchos problemas para poder volver. Había tensiones en Hebrón. Como siempre.

Desde hace unos meses, los colonos israelíes se están apoderando de más y más territorio en la ciudad. Ya han expulsado a los palestinos de lo que ellos definen como "su zona". 

Caminan con armas de fuego. A veces, es posible asistir a peleas entre ellos y los soldados, que están allí para proteger el proyecto del asentamiento. Algunos colonos encuentran que la colonización no va lo suficientemente rápido, que los soldados debería expulsar más gente y más rápidamente.

A menudo hay conflictos entre los colonos israelíes y los vecinos palestinos. Pero aquí, los enfrentamientos son graves, los soldados se involucran, disparan a todo el mundo. Un palestino resulta seriamente herido. Los soldados se ponen nerviosos y deciden bloquear todas las carreteras alrededor de los puestos de control. Detienen e inspeccionan todos los coches palestinos buscando nada, solo molestar, para que todos sientan su rabia. Esta forma de castigo colectivo es un procedimiento estándar. Realmente nadie entiende por qué es necesario tener un castigo. Excepto ellos.

Los castigos colectivos son un crimen y hacen la vida imposible para todos. La gente vuelve a casa frustrada. Hacen rugir los motores de sus coches, se vuelven impacientes por todo. Saben bien que no es culpa de nadie de la aldea. Pero, que hacer con toda esa rabia?

Ahora, que la tranquilidad a vuelto a la aldea, las lámparas han ocupado el lugar del sol. Los soldados israelíes aún están ahí para asegurar que todo esté en ‘orden’. El ‘orden’ de la ocupación israelí son los bloques de cemento del Muro y los asentamientos. Cuanto más gruesos y altos sean, menos maneras habrá de pasarlos o de levantarse contra ellos.

El ‘orden’ de la ocupación israelí es también la ‘ limpieza ‘, limpiando étnicamente la tierra de sus habitantes palestinos. La semana pasada, en la aldea beduina de Massalef Yatta, tanques y excavadoras israelíes demolieron todo. La aldea está ubicada en una zona que ha sido declarada -  ‘área militar de tiro’- desde que el ejército decidió instalar un campo de entrenamiento allí.

En otro esfuerzo para desplazar a la fuerza a las comunidades palestinas en Cisjordania, el 10m de Febrero, en la localidad de Abu Kbash, cerca de Nablus, el ejército israelí destrozó cuatro estructuras pertenecientes a palestinos. Seis días antes, habían venido al mismo lugar para demoler diecinueve estructuras habitacionales. De hecho, ya habían destruido las estructuras la semana anterior, pero los habitantes recibieron donaciones de organizaciones internacionales para reconstruir sus casas. Total del balance de los daños de hoy: dos casas, dos refugios para animales, y diez personas que una vez más quedan sin hogar. Ese mismo día, las aldeas de Al Juftiluk's, Fasayil y Almekser también fueron blanco de demoliciones. Por lo menos seis casas y nueve refugios de animales, además de dos kilómetros de tuberías, que servían para suministrar a cincuenta y dos familias.

En total, entre el 9 y el 11 de Febrero, las autoridades israelíes destruyeron por lo menos 80 hogares y estructuras relacionadas con los medios de subsistencia en siete comunidades palestinas en la Zona C, todas menos una en el Valle del Jordán, desplazando aproximadamente a 60 personas, la mitad de ellos niños.

 

El nudo corredizo se está apretando

 

Estas agresiones forman el propósito del plan político que apunta a la expulsión y segregación de una comunidad.

Hace unas semanas, el gobierno israelí dio luz verde a la construcción de 153 nuevas colonias en Cisjordania. Los palestinos van a perder otro gran pedazo se territorio y las comunidades que viven allí van a ser expulsadas de él.

Si la población israelí parece no ser realmente consciente de lo que está sucediendo al otro lado del Muro, los palestinos lo saben muy bien. La continua colonización de la Zona C, donde Israel controla la planificación y la construcción, y que representa más del 60 % de Cisjordania, priva a los palestinos de la soberanía sobre los recursos económicos y naturales y así la posibilidad de trabajar y ganarse sus medios de vida  El gobierno israelí ha programado el 39% de la superficie del área C – el doble de la superficie del área que teóricamente está bajo el control de los Palestinos – para colonias y para su expansión futura, el 20% como áreas militares israelíes cerradas y el 13% como reserva natural.  El Muro, las barricadas en las carreteras, los puestos de control y demás infraestructuras que sirven para seccionar Cisjordania, restringir rl movimiento de los palestinos y facilitar la colonización de la tierra palestina. Finalmente, el ejército israelí actúa como un órgano de represión y control para asegurar la limpieza étnica de las comunidades palestinas de sus hogares y para que puedan implantarse las zonas de segregación del pueblo palestino. El  nudo corredizo se está apretando.

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