Con la política israelí de arrestos en aumento, Stop the Wall publica una relación de dos testigos de una audiencia judicial 'ordinaria' en el extraordinario sistema represivo y racista de injusticia en los tribunales militares israelíes. La semana pasada la Asociación de Prisioneros Palestinosian ha editado información de que solamente durante la segunda semana de Septiembre el ejército israelí ha detenido 174 palestinos en Cisjordania. El 18 de Septiembre, Addameer denunció que a primeras horas de la mañana las Fuerzas de Ocupación Israelíes (IOF por sus siglas en inglés) volvieron a arrestar a Ayman Nasser (de 44 años) en su hogar en la aldea cisjordana de Saffa. Nasser es el coordinador  legal de la unidad en la Asociación Addameer de Ayuda a los Prisioneros y por los Derechos Humanos.
 
Justo al otro lado de la frontera podíamos ver nuestro destino de hoy, el juzgado de Salem. Está situado lo más al Norte que se puede ir en Cisjordania. El autobus no nos puede llevar todo el trayecto, por lo que tenemos que caminar el último tramo, pasando el cartel de aviso que dice: BARRERA MÁS ADELANTE. Me  lleva algún tiempo darme cuenta de que se refiere al muro, me había olvidado que los israelíes lo llaman una barrera de seguridad. En este punto, lejos en mitad del campo el muro no es exactamente un muro, sino más bien una valla metálica alta. Pero aún aquí está coronada con metros y metros de alambre de espino. 

Antes de llegar a la “barrera” nos detenemos ante una pequeña furgoneta con un cobertizo metálico que hace las funciones de kiosko, despacho de información y almacén de objetos de valor. A la zona del juzgado no podemos llevar otra cosa que no sea comida, agua, cigarrillos, papeles en blanco, un bolígrafo y nuestros pasaportes.

Estábamos un poco retrasadas así que nos apuramos  para llegar a la entrada en la barrera, un corredor de vallas dividido por controles de seguridad y torniquetes. Allí nos encontramos con un soldado israelí, pero fue como si nos hubiésemos encontrado con una pared. El arrogante joven se dirigió primero a nuestra coordinadora en árabe, pero cambiaba constantemente al hebreo aunque repetidas veces le dijimos que solo conocíamos árabe e inglés. Después nos estuvo preguntando nuestros nombres por lo menos veinte veces, no para controlar nuestra identidad, solo para.. bueno, solo por divertirse, y nos dijo que no habría juicios hoy. Una declaración que mantuvo hasta que vino un superior una hora después y empezó a dejar entrar a todo el mundo. No sé si fue porque no éramos palestinas o porque nuestra coordinadora y yo éramos las únicas mujeres allí, pero nos dejaron llegar al frente de la fila. 

A través de un torniquete, a una habitación con un detector de metales y un soldado en una garita, a otra habitación con otro torniquete y otro soldado en una garita. Después un control de pasaportes donde un rollizo sargento nos gritó: “Bienvenidas a Israel!” con una amplia sonrisa. Que podíamos hacer sino devolverle la sonrisa y decir gracias? Aunque todo mi cuerpo quería dar vuelta e irme, porqué debería sentirme agradecida por estar aquí? Después se nos dijo que habían sido tan amables con  nosotras y que no nos habían hecho pasar por un cacheo, porque la “presencia internacional” los pone nerviosos. Si  no hubiésemos estado allí el pasar los controles habría sido mucho más duro y desagradable.

Es difícil de imaginar algo más desagradable que el tiempo que tuvimos que esperar y el lugar en el que tuvimos que esperar, antes de que empezara el juicio. Entre los controles de seguridad y los barracones que sirven de juzgados tuvimos que esperar en un patio caluroso con techo de lata que era la zona de espera. Donde nos sentamos no había mucho más que mirar que la valla que nos rodeaba por todos lados y los familiares que esperaban junto con nosotros. Tampoco había mucho para hacer para los niños que esperaban junto  a los mayores, rápidamente se aburrían y se impacientaban bajo el caliente sol. Nuestra coordinadora nos dijo que a veces tienen que sentarse allí todo el día  esperando que los casos de sus seres queridos sean llevados a juicio. Y aunque ronda lo insufrible el sentarse aquí, con nada que hacer, y ningún acceso a la comida o al agua que el que ellos llevan consigo,  con aseos sucios y sin poder rezar con dignidad, vale la pena. Para algunos es la única oportunidad que tienen de ver a su padre, hermano, hijo, familiar o amigo. Las prisiones israelíes solo permiten visitas cada tres meses, y no es fácil conseguir permisos para viajar hasta allí, dentro de Israel. Además, solo dos personas pueden ir a la vez, y solo familiares muy cercanos. Tienen más oportunidades de verlos aquí en el juzgado, aunque solo sea verlos, ya que raramente pueden hablar con ellos y nunca se les da la oportunidad del darles ese abrazo tan deseado. 

Cuando finalmente llegó la audiencia de M.A., que un año antes había sido arrestado por presuntamente arrojar piedras y cócteles Molotov en una manifestación por los derechos de los prisioneros, no entendí nada. Me llevó tiempo clasificar quién era quién, pero después de un rato lo conseguí. Hay un juez dos policías que hacen de fiscales, dos secretarios, un intérprete, el abogado de M.A., M.A., un testigo y tres guardias de seguridad. Todo edn una mezcla de hebreo y árabe y todo parece mucho más informal que lo que yo esperaba debía ser un juzgado. Los policías/fiscales caminaban de arriba a abajo y a veces varias personas hablaban al mismo tiempo. Creo que era más confuso para mí, porque no entendía lo que estaban diciendo, pero tenía la sensación de que esto no era un ejemplo típico de un procedimiento judicial normal.

Se demostró que el testigo, al que habían traído para testificar contra M.A., había firmado una declaración contra su voluntad bajo amenazas de violencia. También se demostró que aquellos que habían sido arrestados hace un año junto a M.A, y que aún seguían bajo arresto, habían sido maltratados por los policías que los arrestaron. Para mi sorpresa, uno de esos policías está llamado a declarar cuando la corte se reúna después de comer. Las evidencias son llevadas de acá para allá comparando diferentes ejemplos de escritura a mano que prueban que la declaración del policía es falsa, los arrestados no habían escrito las declaraciones que les obligaron a firmar. 

Aunque esta puede ser la décima vez que el tribunal se reúne por el caso de cuatro jóvenes que fueron arrestados por algo de lo que ellos se declaran inocentes, el juez termina la sesión golpeando el mazo y citando a todo el mundo para seguir con el caso siguiente. Por estas fechas M.A. y sus amigos an estado bajo custodia israelí por casi un año.

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